Viejos poemas para una gorda nueva

Era un cautivo beso enamorado, de una gorda de masa que tenía, la palidez de lirio y languidez de…

-Oiga Gorrón, no sé por qué… pero se me hace que esas palabras las sacó de algún libro de poemas viejos.

-Tenchita, ¿acaso ofende usted a mi desesperado afán por honrar tan delicioso bocadillo?

-Pues si para comer de a gratis se va a poner a leer esas chorradas, mejor ponga su esmirriado trasero en el banco y se calla el hocico, porque mire cómo tiene a las muchachas babeando.

-Pasan los años y los siglos, cachetitos de amapola, y la poesía aún encanta a las damas de corazón sensible.

-Pues mande a recitarle unos a la Tatiana Clouthier… ¡Porque nada la ablanda!, ni las flores ni los piropos… ¡esa muchacha nació con los guantes puestos!

-Pero le tira hasta a los de su equipo.

-¿Cuál equipo?… si no se ha peleado con su sombra nomás porque le saca la vuelta.

-¡Ah cosa de la condición humana!… hay quienes nacieron para pelear, y otros para meter paz… ya ve a don Manuel Florentino.

-¿Meter paz?… ¡ese cachetón es otro que no pelea nomás cuando está con la rais pal norte!

-Bueno, pero mete mucha paz… nomás escúchele un discurso, ¡qué rico se duerme uno!… ¡como si no debiera!

-Y precisamente, hablando de deber…

-Por favor no me toque ese tema, ojitos de pipitoria, que me estoy reventando sin su permiso estas de pepita con queso y coliflor, nomás porque las encontré sin dueño.

-¡Úchalas!… es usted como el Russildi ese, que no puede ver un lugar vacío en el gabinete del Heliodoro, porque luego se le antoja llenarlo.

-Bendito gobierno chafo… pero bueno, écheme dos de calabacita con pipián, ya sabe que son mis preferidas.

-Pues se va a echar las de frijol de vaina con pipián, es de lo que tengo más, si quiere…

-¡Úchalas!… en una de esas me voy a poner como Raúl Gracia, como una fiera.

-¿Como una loba?

-No… mejor aquí me callo y sigo zampando, porque usted es muuuuy violenta.

-¡Sacatón!

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