Rumbo al Espacio Sideral

Cuando era niño tuve por un tiempo un sueño recurrente, veía como un gran cohete llegaba al centro de mi patio y mamá se subía en él; yo quería correr a alcanzarla pero despegaba, nada podía hacer, me quedaba solo en la casa llorando. En ese mismo rato se abría la puerta de la calle, era mi padre, corría a abrazarlo con los ojos humedecidos; justo al momento de ese abrazo, despertaba. Para ese entonces mi almohada estaba mojada, de lágrimas y de sudor; enseguida corría al cuarto de mamá.

Ese sueño empezó después de la muerte de mi padre, quizás era el enorme temor, consciente e inconsciente, de que le sucediera lo mismo a mi madre, que algún día se muriera y se fuera al cielo con mi padre, pues eso me dijeron cuando era niño. ¡Qué curioso que la veía que se iba en un cohete al cielo!

Me acordé de esos sueños recurrentes ahora al leer la noticia que lanzaron al espacio el cohete más poderoso del mundo, el “Falcón Heavy”, por parte del compañía SpaceX , que diseña, fabrica y lanza cohetes, así como naves espaciales, con el objetivo de que algún día las personas viajen en ellos y puedan habitar otros planetas. Su dueño es el multimillonario Elon Musk, quien desde pequeño se interesó por las cuestiones espaciales.

Musk, nacido en Sudáfrica, desde pequeño contaba con una gran genialidad, pues tan sólo a los 12 años programó un videojuego que vendió por 500 dólares. Aunque en su vida personal no la pasó muy bien debido al divorcio de sus padres, por lo que se fue a vivir con su madre a Canadá, después pudo estudiar a nivel profesional gracias a becas ( ya que su padre se negó a pagar la universidad, si no vivía con él) estuvo en las universidades de Pensilvania y Stanford. Fundó varias empresas aparte de SapceX, como Solara City, Tesla Motors, entre otras.

Esta última compañía fabrica carros eléctricos, por lo que en el proyecto del cohete “Falcón Heavy” su fundador decidió enviar uno de sus coches al espacio: el “Roadster”, un convertible que va tripulado por un muñeco en forma de astronauta; el vehículo nunca rodará en la luna, ni en ningún planeta, lo pondrá en órbita alrededor de Marte y en él se podrá oír la canción “Sapce Oddity” en homenaje a David Bowie.

Quizá al escuchar esa canción en el espacio, desde alguna estrella lejana aparezca el mismísimo David Bowie con “el Mayor Tom”, se suban al convertible y canten: “…Flotando de una manera muy peculiar/ y las estrellas lucen muy diferentes hoy… Aquí estoy flotando alrededor de mi lata/ muy por encima de la Luna/el planeta tierra es azul y no hay nada qué hacer…”

No dejo de pensar en mi sueño recurrente, el cual fue desapareciendo a medida que crecí, quizás la última vez que lo soñé fue después de que muriera mi madre: corría al ver que ella se subía al cohete, pero esa vez sí la alcancé, la abracé y se despidió de mí; en la puerta del cohete estaba mi padre esperándola, Don Roberto, se iban al cielo… Yo podía volar en el sueño y como dice la canción, flotaba alrededor de esa lata, los vi descender en el espacio para convertirse en estrellas.

Desperté con la tranquilidad que te da el sentirte protegido desde el cielo. Ahora gracias a Elon Musk fantaseo con la esperanza de volver a volar al espacio, ya no en un sueño, para poder saludarlos a mis padres desde la venta de un cohete.

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