Que veinte años no es nada… pero tres años es una eternidad

Se acabó la fiesta a los bandidos… ahora nosotros vamos a hacer una orgía.

Es la frase que le faltó decir a Jaime Heliodoro en aquella memorable toma de protesta, cuando asumió el gobierno de Nuevo León y comenzó el desGobierno.

Anhelé estar equivocado.

Que todo lo advertido acerca de Jaime Heliodoro hubiese sido una mala lectura de su negro servilleta.

Que de veras, debajo de ese sombrero hubiese un hombre sincero… y un hombre honrado.

Tres años y no hubo una obra, pero destruyó mucho.

Destruyó Fuerza Civil…

Pero también destruyó la buena fama y buen nombre de Fernando Elizondo.

Destruyó la Ecovía…

Pero también destruyó la confianza que se tenía como gran tesorero a Carlos Garza.

Destruyó escuelas a las que metió mano para readecuar.

Pero también destruyó su amistad con Manuel González.

Destruyó el sistema tecnológico que hacía de Agua y Drenaje una empresa de primer mundo, para convertirla en cueva de ladrones y refugio de toreros de perros.

Pero también destruyó la confianza que se tenía en activistas como Lorenia Canavati.

Destruyó el sistema de Salud y lo convirtió en su agencia personal de cobro.

Pero también destruyó la confianza en casi todos los candidatos independientes.

Destruyó el sistema de prebendas hacia los medios.

Y destruyó la credibilidad en la ahora llamada gacetilla.

Sí… en tres años, desde aquel memorable discurso, han cambiado muchas cosas.

Nuevo León está en ruinas.

Y la buena fama de algunas y algunos con él.

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