Pablo… historia de abandonos

Él no supo quién era su madre, mucho menos su padre. Le contaron muchas historias sobre su origen. Que su madre, enferma mental lo abandonó a causa de su enfermedad y se lo regaló a su abuelo, que su padre abandonó a su madre y su nuevo marido no lo quiso y por eso lo tuvo que regalar, que en realidad su hermana lo había encontrado en la calle…y otras historias más. De niño, Pablo (porque si tuvo un nombre, por cierto bíblico) finalmente vivió hasta los siete años con su “papá/abuelo” y una madrasta que lo golpeaba y lo amarraba en el patio. Escapo de ahí, vivió un tiempo en el DIF, hasta los 14, cuando de nuevo se fue a vivir a la colonia Independencia con su “familia”. Cayó en las drogas, pleitos callejeros y delincuencia juvenil, al fin y al cabo a nadie le importaba y a él menos… nunca le importó vivir o morir. 
 
Un día en un parque quebrado de una pierna un poco inconsciente por las drogas, se le  apareció quien para él sería en el futuro su “verdadera madre”, la que quería darle una vida mejor, la que sí se interesó por él, como un hada madrina que lo llevó a un centro de adicciones para que se curara y pudiera rehacer su vida. Era aún joven Y por fin a alguien le importaba, esa señora podría ser su protectora y porquÉ no, su madre (postiza). Se llama Eva, como la primera mujer, como la primera madre. 
 
Me pregunto cuántos Pablos tenemos en México a causa de las drogas, de la desintegración familiar y sus múltiples disfunciones, del desamor. Según el INEGI, el año pasado teníamos casi 5millones de niños en México viviendo en pobreza extrema, esto representa el 11% de nuestros niños y de esos 5 millones, el 50 % trabaja en la calle, pero no precisamente son niños de la calle. Según el DIF, el año pasado se calculaba que hubieron 13,000 mil niños vagando por las calles de México, ya que entraban unos días y se escapaban, sin registro de ellos, de padres o familiares.

El problema se complica aún más, no por que andan perdidos en las calles, sino porque caen en manos de delincuentes que los drogan, prostituyen y los inician en la delincuencia. La estadística más reciente sobre este problema la encontramos en los Centros de Integración Juvenil (CIJ) que son 116 en todo México, donde el año pasado atendieron casi 200,000 mil casos de drogadicción desde niños de 6 a 18 años. De los menores infractores que se encuentran en los consejos tutelares del país, casi 80 % son consumidores habituales alguna droga, en primer lugar la marihuana, seguida por el alcohol, inhalantes, tabaco y cocaína.  
 
Hace unos días me contaron esta historia de Pablo; que aunque estuvo bien unos años gracias a la familia que lo rescató, él  trabajó buscando integrarse a la sociedad, no pudo con su pasado. Para él, entender, descubrir quién era su verdadera madre fue casi una obsesión que no lo dejó vivir en paz. Llegó a tener una hija, pero su mujer los abandonó. Así, se repetía la historia, ahora él como receptor de una niña abandonada por su madre.

Él no pudo con esta realidad, con otro abandono o quizás con su pasado. Pablo cayó en otro vicio, en el alcohol. Esta semana murió. No conocí a Pablo, pero sí a su madre potiza: Eva, que llorando me contó esta triste historia, que lamentablemente es una constante en la vida cotidiana de nuestro país. ¿Qué hace falta para cambiar el futuro de nuestros niños? ¿De qué manera la célula familiar puede lograr sobrevivir y sanarse de tantos males que la amenazan?  
 
Al terminar de escribir esta historia voy al cuarto de mis hijos les doy un beso y agradezco lo afortunado que soy al tenerlos y lo afortunados que son ellos al tener una familia y termino haciendo una oración por Pablo y los niños de la calle. 
 
 
 
 

Te puede interesar