La pasión según Roberto

En el avión de Monterrey a México, Roberto Hernández Jr. me comparte algo de historia.

Dirigimos La Afición, el periódico deportivo de Multimedios a donde me envía Federico Arreola como gesto de amigo, porque ya no me quieren en el área política de Milenio.

Disfruto el destierro, comparto jornadas con una leyenda que además me dice que es lector asiduo de mis columnas.

¡Vaya!

Don Robert me habla de Ángel Fernández… “Nunca lo entendí… en el Mundial de Alemania y el de Argentina, nos íbamos a caminar y luego él se metía a los museos, yo nunca pude, la verdad, no se me daba eso, por eso Ángel era un tipo cultísimo, con una gran preparación”.

Que reconociera el mejor de todos los tiempos me despertó una profunda simpatía por alguien con quien nunca compartí esa fijación por darle al futbol todo el lugar, todo el espacio y todas las portadas.

Discrepamos muchas veces, pero siempre hubo respeto…

Después no me gustó eso de dividir a la ciudad en Tigres y Rayados… generar auténticas guerras entre una población inculta que se ganchaba de eso, para olvidar asuntos más importantes como la vida misma.

En fin, conocí de Roberto su tristeza cuando le acompañé para que él despidiera de La Afición a un ícono al que yo admiraba: Tomás “Tomy” Morales… allí conocí al exitoso comentarista de ESPN Álvaro Morales, por entonces novato reportero, especialista en béisbol.

No puedo evitar rememorar a Roberto Hernández Jr., don Robert, porque la ciudad en temas deportivos fue una antes de él…

Era su esencia, la polémica y la pasión… sin pasión no había vida.

También a la ciudad de León, donde narraba los juegos de La Fiera allá por los setentas, quedó enferma de futbol y fue la mejor afición de México en su tiempo.

Esa terrible enfermedad que divide, que crispa, que desemboca en violencia.

No hay en la ciudad quien ocupe el lugar de Roberto Hernández Jr., y quizá sea para bien.

Quizá las agitadas aguas futboleras empiecen a calmarse y empecemos a ver otras cosas, otras manifestaciones de la vida, del deporte.

Reposa en paz Roberto… lo mereces, fuiste único.

Todos necesitamos un descanso.

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