”La búsqueda de un ideal, la Constitución de 1917”, nueva exposición en el Museo de Historia

COMISARIADO EJIDAL

El Museo de Historia Mexicana invita a “La búsqueda de un ideal, la Constitución de 1917”, una exposición para repensar el proceso revolucionario en forma crítica y reflexionar sobre las consecuencias que tuvo la escasa representación de las clases populares en el Congreso Constituyente de Querétaro en 1916, a través de un diálogo entre las imágenes de archivos históricos y el simbolismo del arte contemporáneo.

“La búsqueda de un ideal. La Constitución de 1917” será inaugurada el 21 de marzo a partir de las 20:00 horas. Primeramente el curador Miguel Ángel Berumen, impartirá la conferencia “El círculo del odio y la violencia en la Revolución Mexicana” a las 19:00 horas en el auditorio del Museo de Historia Mexicana. La exposición permanecerá hasta el domingo 9 de septiembre.

Para el curador, “esta exposición no es un homenaje a la Constitución, pues como señala José Ramón Cossío, Ministro de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, “Las constituciones no son objetos de culto” (El País, 10 febrero de 2017). Esta es en todo caso, una exploración del momento histórico en que se escribió dicho documento, y el de otros muchos durante los cuales se modificó la Constitución para garantizar los derechos de las mexicanas y mexicanos que habían sido relegados en 1917”.

Para Luis Cabrera -Semanario La Reacción, 1942- la Constitución de Querétaro “no es una obra perfecta.

Ni podía serlo. Ni hubo tiempo de hacer más, pues la situación internacional en que nos hallábamos exigía que con precipitación se restableciera un orden constitucional, cualesquiera que fueran los defectos de la nueva Carta. […] No hubo tiempo de revisar nuestra absurda división territorial, ni nuestro sistema federal, ni el equilibrio de los poderes; ni se dice una sola palabra sobre la organización y funcionamiento de los partidos políticos, para que pueda ser efectivo el sufragio universal”.

Otros aspectos que se incluyen en esta reflexión sobre la Carta Magna son el ejercicio de la plena ciudadanía de las mujeres, considerado en 1953, y las reivindicaciones de los indígenas, legisladas en el año 2001.

Durante su recorrido los visitantes apreciarán un total de 89 obras, tanto de imágenes históricas como de arte contemporáneo de creadores como Adolfo Mexiac, Guillermo Kahlo, Alberto Beltrán, Lenka Klobásová, Victoria Orozco, Sandra del Pilar, Sebastián Kunold y Guillermo Ceniceros, entre otros, que a través de sus obras plantean aspectos sociales que se han resuelto y prevalecen en el imaginario colectivo. Incluso podrán apreciar un video con música original donde se aborda el tema.

La muestra está compuesta por ocho ejes temáticos: El primer jefe contra el Consejo Ejecutivo de la República; Carranza frente y vuelta; La odisea por la tierra; Los obreros en una revolución campesina; Los indígenas, el olvido ancestral; Las mujeres, las grandes ausentes de la Constitución; El reparto de tierras y el experimento socialista; y Tierra y libertad.

El primer jefe contra el consejo ejecutivo de la república
El final de la revolución constitucionalista fue marcado por la derrota de Victoriano Huerta, a mano de los ejércitos comandados por Francisco Villa y Venustiano Carranza.

La Soberana Convención Revolucionaria celebrada en Aguascalientes, lejos de ser motivo de encuentro y conciliación fue la coyuntura donde ambos grupos, villistas y zapatistas por un lado y carrancistas por el otro, confirmaron su mutua animadversión y la necesidad de aniquilarse uno al otro sin ningún miramiento.

So pretexto de la falta de libertad en los debates, Carranza desobedeció los mandatos de la Convención y estableció un gobierno provisional en Veracruz, mientras zapatistas y villistas hacían lo propio en Cuernavaca, declarada entonces capital del país y sede del Consejo Ejecutivo de la República, órgano supremo de gobierno.

Durante 1915 y 1916, además de enfrentarse militarmente, el equipo del Primer Jefe y el Consejo Ejecutivo de la República emitieron leyes y decretos muy importantes desde sus respectivos territorios. Vistas en perspectiva, las aportaciones y preocupaciones de unos y otros ayudan a valorar hoy los diferentes proyectos de nación que los inspiraban. No obstante, la mayor parte de las leyes emitidas en Cuernavaca fueron excluidas de la Carta Magna de 1917.

Para algunos historiadores la promulgación de la Constitución de 1917 por Venustiano Carranza cerró el ciclo de la revolución triunfante. Si Álvaro Obregón puso en duda esa visión a tres años de la promulgación de la Constitución, cuando se rebeló y se impuso al Primer Jefe, Plutarco Elías Calles la pulverizó durante su gobierno, ya que en su proyecto de nación no quedaba ni un solo carrancista.
Carranza: frente y vuelta

En este espacio recibe al visitante una fotografía de Guillermo Kahlo de Venustiano Carranza, quien todavía es el ejemplo de cómo un mandatario mexicano debe encarar las presiones de Estados Unidos sin amedrentarse, a pesar de estar al frente de un México dividido y destruido por la guerra.

“Carranza se armó de las únicas armas que no necesitaba importar de Estados Unidos: de patriotismo, de entereza y de prudencia, y se preparó a la única lucha posible: la del derecho inerme contra la injusticia armada”, señala en un texto Luis Cabrera.

En este capítulo se exploran, además de las presiones internacionales, los resortes del poder político de Venustiano Carranza y la influencia de Álvaro Obregón, su respaldo militar que libró de obstáculos para gobernar al ganar las batallas contra la División del Norte y permitir que Estados Unidos reconociera al gobierno de Carranza de facto; y a Luis Cabrera, el intelectual orgánico del constitucionalismo.

Cabrera no estuvo presente en el Congreso Constituyente de Querétaro, pues se encontraba en Estados Unidos encabezando la comisión negociadora de la salida de las tropas norteamericanas que perseguían a Francisco Villa en México. No obstante, su decreto del 6 de enero de 1915, llamado “Ley agraria”, fue elevado a la categoría de ley constitucional en la fracción VII del artículo 27, incorporando así a Luis Cabrera a uno de los temas más importantes de la Carta Magna.

Odisea por la tierra
Desde la época colonial hasta finales del siglo XIX México fue un país eminentemente agrícola: el 86 por ciento de la población vivía en las áreas rurales y eran objeto de injusticias como el despojos de tierras, aguas y montes, por ello la Revolución se extendió como un reguero de pólvora gracias a la insurgencia campesina, a la que se sumaron los líderes de los pueblos y ciudades que secundaron el Plan de San Luis de Francisco I. Madero.

Según el sociólogo Lucio Mendieta y Núñez, la Ley de Baldíos emitida durante el porfiriato hizo que gran parte del territorio nacional quedara en pocas manos. En 1905, en uno de los debates de la Cámara de Diputados, Alfredo Chavero aseguraba que las tierras acumuladas por los grandes terratenientes provenían de los despojos perpetrados contra las masas campesinas, aquellas que no podían llamar compadre a un juez de distrito.

De los diferentes estudios y estadísticas del gobierno de Díaz, aproximadamente el 64 por ciento de la tierra estaba en manos del 1 por ciento de la población, entre ellos muchos extranjeros, quienes poseían además bancos, industrias, minas y ferrocarriles.

Los obreros en una revolución campesina
El papel de los obreros en la Revolución fue importante. A pesar de que no hayan conformado el grueso de los ejércitos revolucionarios, algunas de las huelgas que protagonizaron antes de 1910 avivaron las consignas, planes y manifiestos de los grupos políticos dispuestos a derrocar a Porfirio Díaz.

Muchos obreros se sumaron a la revolución maderista, pero su lucha no terminó con la llegada de Madero al poder. A finales de 1912, cuando en Chihuahua y Morelos los campesinos se levantaban de nuevo en armas, surgió en la ciudad de México la Casa del Obrero Mundial, una agrupación de corte anarco sindicalista que fue reprimida por el régimen huertista.

Tras la derrota de Victoriano Huerta, el fortalecimiento del movimiento obrero obligo a Venustiano Carranza a establecer una alianza temporal y a autorizar la formación de los “batallones rojos”, obreros armados para combatir a los campesinos, sin embargo evitó que los miembros de la Casa del Obrero Mundial participaran en los debates del Congreso Constituyente, pues temía que su radicalismo influyera en la Constitución.

En junio de 1916 el emplazamiento a una huelga general por parte del Sindicato de Obreros del Distrito Federal fue el pretexto ideal para que Carranza se distanciara de los obreros. Acusándolos de traición a la patria, mandó al ejército a ocupar las sedes de las organizaciones, y la aprehensión de sus líderes, entre ellos Gerardo Murillo “Dr. Atl”, quien fungía como la bisagra entre él y el movimiento obrero y que tanto apoyo le había prestado tanto en México como en el extranjero, en las negociaciones con sus enemigos políticos.

Los indígenas, el olvido ancestral
Las depredaciones, vejaciones y humillaciones de que fueron objeto los indígenas desde la llegada de los españoles no terminó con la promulgación de la Constitución de 1857 y a lo largo del siglo XIX existen movimientos sociales que lo acreditan: el levantamiento de los de los yaquis y mayos (1825-1901), la guerra de los mayas (1847) y la rebelión de la Sierra Gorda (1848-1849).

Para Miguel Angel Berumen a pesar de vivir cuatro siglos de despojos, la Constitución de 1917 no atendió las necesidades y demandas indígenas; tampoco lo hicieron los programas en beneficio que establecieron los gobiernos de Álvaro Obregón y Plutarco Elías Calles; fue hasta el régimen de Lázaro Cárdenas, cuando se hicieron las enmiendas legislativas necesarias para contar con un marco jurídico que permitiera emprender acciones de gran impacto y largo alcance, institucionalizando el indigenismo como una política oficial de buenas intenciones para incorporar a los indios a la cultura occidental.

Fue hasta el año 2001, como resultado de los llamados acuerdos de San Andrés, cuando el artículo segundo de la Constitución Mexicana reconoció, en el contexto de la multiculturalidad, que además de los derechos relativos a las personas, existen derechos colectivos relativos a un nuevo sujeto de derecho llamado Pueblo Indígena.

Las mujeres, las grandes ausentes de la constitución
Desde 1916, Hermila Galindo en el primer congreso feminista de México, había manifestado su apoyo incondicional al movimiento feminista y posteriormente envió una petición al Constituyente de Querétaro en favor del voto femenino, sin tener éxito.

No obstante, las mexicanas continuaron la lucha y en 1922 Yucatán fue escenario de una de sus grandes conquistas, al aprobarse una ley estatal que permitía a la mujer votar y ser votada, siendo las yucatecas las primeras diputadas del país.

Poco después, el gobernador socialista de esa entidad Felipe Carrillo Puerto mandó a la Cámara de Diputados una propuesta para modificar los artículos 35 y 36 constitucionales, con el fin de que se reconociera a las mujeres de todo el país el derecho a ejercer el voto. La modificación constitucional se llevaría a cabo hasta 1953, para aplicarse por primera vez en las elecciones federales de 1955.

En este espacio en particular destacan tres óleos impactantes de la pintora Lenka Klobásová, cada uno representa una forma de censura en torno a los derechos de las mujeres a manifestarse.

El experimento socialista
El carácter socialista del gobierno de Lázaro Cárdenas no sólo se respiraba en sus discursos; también se reflejó en las leyes y las reformas a la Constitución.

En menos de dos semanas de haber ascendido al poder, modificó el artículo tercero constitucional para establecer la educación socialista, permitiendo la enseñanza popular y masiva incluso en las zonas rurales e indígenas, y el surgimiento del Instituto Politécnico Nacional y el Instituto Nacional de Antropología e Historia. Para Cárdenas era tarea de la Secretaría de Educación inculcar en la niñez y la juventud una interpretación racional del universo y en tal sentido dirigió sus acciones y esfuerzos.

En otros ámbitos de la vida nacional, la Ley Federal de Expropiación emitida en 1936 y las reformas al Artículo 27 constitucional trazaron el marco legal para las expropiaciones de las industrias petrolera, eléctrica y ferroviaria por razones de interés público.

Una de las demandas más reiterada de la Revolución y escasamente atendida incluso después la promulgación de la Constitución de 1917 fue el reparto de tierras. En casi dos años de gobierno, Cárdenas distribuyó más del doble de hectáreas de las que habían realizado todos sus antecesores juntos. Al final de su mandato había entregado a más de un millón de campesinos cerca de 18 millones de hectáreas.

El compromiso cardenista con los indios, se materializó en la creación del Departamento de Asuntos Indígenas (DAI), que más tarde se convertiría en el Instituto Nacional Indigenista (INI).

Antes del gobierno de Lázaro Cárdenas se habían dado en México experimentos, luchas e incluso gobiernos de naturaleza socialista. Uno de ellos es el del gobernador Felipe Carrillo Puerto, en Yucatán (1922-1924).

También a mediados de los años veinte las Ligas de Comunidades Agrarias alcanzaron gran notoriedad, especialmente en Tamaulipas, Veracruz y La Laguna. Sus banderas eran rojas, llevaban la leyenda “Tierra y libertad”, y la hoz y el martillo del escudo de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas.

Tierra y libertad
El legado político e ideológico de Emiliano Zapata se subordinó a las necesidades de distintos artistas y grupos políticos, especialmente a los que acuñaron el lema anarquista “Tierra y Libertad”. Aunque le va como anillo al dedo a los postulados zapatistas no deja de ser paradójico, ya que el jefe del Ejército Libertador nunca usó ese lema como bandera.

Desde 1929, cuando Diego Rivera termina el mural en Palacio Nacional donde aparece Zapata al lado del anarquista Lázaro Gutiérrez de Lara y del socialista Felipe Carrillo Puerto sosteniendo una bandera roja con ese lema, el país entero lo asumiría como frase indisociable a Emiliano Zapata.

El lema anarquista ruso del siglo XIX, Zemlya i Volya (tierra y libertad), fue castellanizado por los anarquistas españoles poniendo a su órgano oficial el nombre de: “Tierra y Libertad”. Fue introducido en el imaginario político mexicano por Práxedis G. Guerrero a través del periódico Revolución en 1907; más tarde, en 1910, Ricardo Flores Magón lo popularizó al salir de la cárcel en el periódico Regeneración, gracias a su columna “¡Que Viva Tierra y Libertad!”.

El lema “Tierra y Libertad” empezó a ser atribuido a Zapata por primera vez de manera explícita en 1923 a través de las hojas volantes y folletos que distribuía masivamente la Confederación Nacional Agraria, dirigida entonces por Gildardo Magaña, el heredero político de Zapata.

Te puede interesar