La bondad de los pluris

La idea que dio origen a los plurinominales fue muy noble: Llevar al Congreso a personas preparadas técnicamente, pero con poco carisma y sin posibilidades de ganar una elección a población abierta.

Así, se dijo, llegarían al Poder Legislativo expertos en ingeniería, en urbanismo, economistas especializados en presupuesto y fiscalidad.

Y en cierta medida se logró, hasta que todo, cosas de la política, se pervirtió.

También serviría ese método para dar voz a los partidos minoritarios, que no ganan elecciones, pero tienen votos suficientes como para ser escuchados.

A fin de cuentas, junto con los expertos y sesudos técnicos, llegaron las Carmen Salinas, los Romero Deschamps… Y los partidos minoritarios llegaron para ser comparsas de los grandes.

Por tanto, el problema no es que sean pluris o de representación proporcional…

El tema es que los partidos postulen candidatos o candidatas con preparación y compromiso.

Los que hoy gritan faul, son los mismos que suelen vender su voto para que los grandes pasen sus reformas.

En este concierto de poderes e intereses, lo que requerimos es mejores diputadas y diputados, y eso depende exclusivamente de nuestro voto.

Claro, si no confrontados al candidato o candidata, si no les exigimos compromisos claros en campaña…

No esperemos que resulte una maravilla lo que llevamos al Congreso.

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