La bala de la ocurrencia

Pues sí, le dijo a los de su gabinete que los iba a evaluar, que a lo mejor hace cambios.

Para estas horas ya se le olvidó…

Ese es el problema cuando un gobernador en vez de gobernar habla… y habla… y habla.

Acusa a los del pasado, y cuando ese discurso se le agota, promete hacia el futuro.

Y promete… y promete… y anuncia cosas disparatadas pero que de repente suenan bien, pero nunca cristalizan.

Ni requisó la Ecovía, ni cerró las pedreras.

Ahora, anuncia que va a evaluar al gabinete.

Se los dijo a los propios funcionarios de su equipo,

Pero esos funcionarios están acostumbrados a que el Gobernador llega, les da instrucciones, les da órdenes… y se va.

Nadie toma la responsabilidad de dar seguimiento a las órdenes, ni de citar a la siguiente junta del gabinete.

Habrá que esperar a que al Gobernador se le ocurra.

Ahora les dice que va a evaluarlos.

¿Se dará el tiempo?… ¿No debió evaluarlos a los cien días… a los tres meses… a los seis?

Bueno, es que a la gente le encantaría saber que el Gobernador va a evaluar al gabinete, que por fin va a enseñar mando y autoridad hacia el interior de su equipo.

El discurso inagotable… siempre en sintonía con lo que cree que la gente quiere escuchar.

¿En serio va a evaluar?… ¿Y cuánto tiempo se va a tomar para ello?

¿Y si no hay más remedio que cambiar funcionarios?… ¿Y si llega a captar que eso es lo que la gente quiere?

Quizá lo haga, a como lo sienta, a como se le ocurra.

Por eso nadie se asusta con la idea de ser evaluado.

Esto es excitante para ellos y para ellas.

Es como una ruleta rusa, nadie sabe a quién le tocará la bala de la ocurrencia.

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