Hernán Garza y el campo de sus sueños… ¡Estadio Habemus!

CAMP6
No pude evitarlo… cuando vi este magnífico estadio la mente voló a la redacción de El Norte, allá por 1982-83…

Hernán Garza Echavarría, con ese paso intenso, rapidito de dínamo que se mueve y mueve todo lo que en su entorno va tocando, llega a la oficina de Rodolfo Junco.

Le explica atropellado, con esa mirada chispeante y las manos que dibujan raquetazos, su plan: Va a traer a McEnroe, a Vilas… a Borg, si se deja.

¿A Monterrey?… ¡A Monterrey!, ¿de qué hablamos?

Monterrey tenía sus propios ídolos, en esa muralla china de la regionalidad, los grandes íconos del deporte eran localitos, conocidos nada más acá… El Ronco Villarreal, el Pedrito González, la Agonía Ochoa… Melody Falcó…

Monterrey miraba al mundo desde lejos, pero ahora, este hombre decía que el Mundo iba a venir a Monterrey… los grandes jugadores del tenis mundial, los que ganaban millones de dólares, leyendas vivientes.

“No es negocio”, dijo Rodolfo Junco, y no se equivocó… no fue negocio.

Nuestro fugaz paso por el Mundo fue para muchos una lección de que más vale quedarse con lo propio, aunque no sea tan grande, pero es seguro, antes de buscar las estrellas… era como luchar contra molinos de viento.

Pero en el corazón de Hernán Garza Echavarría no fue así…

No lo vimos durante mucho, mucho tiempo.

Vinieron tiempos gloriosos en otros deportes, la serie Cart… los juegos de grandes ligas acá en temporada regular… Dennis Rodman un día con Fuerza Regia…

Pero luego otra vez a los tiempos grises del feliz conformismo, a mirar el Mundo.

Pero esta vez, después de muchos años, mientras los fuegos artificiales iluminan a la sierra, mientras el estadio GNP se dibuja majestuoso, veo otra vez esa chispa en la mirada de Hernán.

¡Han pasado tantos años!…

Monterrey tiene un gran estadio para que las grandes figuras del tenis vengan a jugar acá.

Hoy tiene en la papeleta a la número uno del Mundo… pero además tiene a varias Top Ten… tiene a una ciudad, a una región, a varios estados del país que vienen para ver este sueño… el campo de los sueños de Hernán Garza Echavarría.

Por los que nunca pierden la fe, por los que le tiran a las estrellas, no para caer en la luna, sino para caer en las estrellas… por los que usan a los molinos de viento para impulsarse al infinito.

No pude evitarlo, el rostro radiante de Hernán me estremeció.

Sólo él sabe lo que costó este sueño… y sé que aquí no termina la historia.

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