Fraudes hubieron… fraudes habemus

En tiempos de don Alfonso, las primeras elecciones que me tocó cubrir, las elecciones eran un auténtico marranero.

Te preparabas para denuncias de robo de urnas por energúmenos sindicales que bajaban en tropel de las famosas peseras, camionetas tipo Van que se utilizaban como transporte pùblico en días normales.

Aún recuerdo mi consternación cuando llegué a la colonia Anáhuac y encontré a un joven panista tirado en la calle, con el rostro y los codos raspados… había tratado en vano de colgarse de la puerta de la camioneta en la que se llevaban las urnas de la elección en la que su partido iba ganando, lo tumbaron.

Recuerdo a Nanis, Angélica de León (QEPD), reportera de El Norte corriendo por los tejados de las casas en Nogalar, en su cámara llevaba las fotos de porros tricolores que acababan de robar una casilla.

Recuerdo a Raúl Hernández, con huellas de varillas de acero que le arrimaron en la barriga para quitarle los rollos de su cámara.

A Efraín Rodríguez y a mi hermano El Gallo a quienes desnudaron en la quinta de Tacho Villarreal para comprobar que no traían rollos de cámara escondidos, cuando pescaron a los operadores llenando actas apócrifas.

Así se robaba antes una elección…

Hoy las elecciones son aburridas, el robo se hace de manera electrónica.

Ya nadie gana con votos, se gana con actas, y las actas se llenan a veces antes de que se emita el primer voto, con el concierto de casi todos, y a veces todos los partidos.

Por eso ocurre que en un municipio gana un partido la alcaldía y pierde todas las diputaciones…

O uno gana la Senaduría con el 25 por ciento de los votos, pero su partido no junta el 10 por ciento.

Antes, cuando los votos se contaban, había que rellenar las urnas con tacos de votos.

Ahora no hay necesidad de pasar por esas vergüenzas, simplemente basta con acuerdos previos y llenado de actas.

Por eso tenemos tantos litigios pos-electorales.

Por eso, los partidos hacen que la función del INE sea incierta y a veces parezca inútil.

La democracia no es imposible…

Pero tendríamos los ciudadanos que acceder a un nivel superior de civilidad.

Ser representantes de algún partido, de algún candidato, cubrir todas las casillas habidas y por haber, aunque sea por diferentes colores, pero ir con la certeza de que no vamos a permitir trampas.

Tomarle foto a las actas y verificar que la que presentan en el INE sean exactamente las que fotografiamos.

Es mucho trabajo, ¿no?

Claro, a eso se atienen los partidos para perfeccionar sus métodos para el fraude.

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