El viejo nogal

De pie, descansando sobre sus raíces, disfrutando la tierra noble, frondoso, enorme, gigantesco. Cuando menos yo así lo veía a mi edad de siete años -cuando llegué a esa casa- como el gigante de mi patio.

Ese año y los siguientes dos nos dio nueces. Después murió mi padre y el árbol nunca volvió a regalarnos frutos, aunque ya no me importaba, ahora solo quería olvidar mi pena jugando y corriendo en mi enorme patio, subiendo a los demás árboles y por supuesto, él era parte de eso. Era mi amigo, mi juguete; su ramas y hojas me divertían, me acariciaban, me protegían; era para mí un gigante cuidándome en medio del patio, era mi nogal.

No sé si mis hermanos se dieron cuenta de que dejó de dar nueces después de la muerte de mi padre, quizá tampoco yo. Me subía a él para atrapar chicharras, cigarras o simplemente para sentirme libre, fuera de la realidad de la tierra; me quedaba arriba por minutos, por horas, esperando que mi madre me hablara para cenar. Y cuando el sol se iba, sus ramas, provocadas por el viento, empezaban hacer ruidos como diciendo cosas. Tengo que reconocer que me daba miedo ese sonido, alguna vez pensé que papá o alguien del cielo quería decirme algo, aun así me bajaba por temor a la obscuridad.

Por dos décadas lo vi a diario, después murió mi madre y curiosamente volvió a dar nueces, tal vez era una forma de darnos consuelo a mis hermanos y a mí. Pero ya no me importaba, era demasiada la pena, así que me fui al DF a buscar fortuna y olvidar algo del dolor, cosa que no conseguía porque esa pena me perseguía al lugar al que fuera.

Me alejé más estudiando en el extranjero, sin dinero y becado por la UANL. Recuerdo que estando en España, se hablaba de un gran acontecimiento: En México terminaban con la dictadura perfecta, era el fin del PRI y ahora el PAN asumía el poder; en Europa estaban felices por esa noticia, nosotros los mexicanos mucho más. Sin embargo, 18 años después me pregunto si el cambio fue para bien o algo salió mal.

Por eso ahora en estas reflexiones de fin de año, en el patio de mi casa y celebrando con los niños con quienes crecí (mis hermanos), y siendo el 2018 un año crucial para México por las elecciones, en donde el partido Morena afirma que “Juntos haremos historia” me pregunto si en verdad es posible cambiar la historia política de México o estamos condenados a ser un país corrupto, de grandes desigualdades sociales. Demasiadas reflexiones en medio de la fiesta de fin de año.

Ya al final de la velada, cuando aparecía la primera luz del primer día del 2018, volví solo al centro del patio y me senté en la mecedora bajo sus ramas. Hacía un tremendo frío, quería escuchar esas voces del cielo, la de papá, la de mamá, la de algún ángel despistado que anduviera cerca y me dijera: “vale la pena seguir en la política, esto va cambiar”… Pero no escuché nada, solamente el sonido del viento. Cerré mis ojos y lo imaginé lleno de hojas, lleno nueces, me vi arriba de él entre sus ramas, viendo hacia la casa y al patio que me vio crecer. Abrí los ojos y me abracé a su tronco, quería escuchar su voz, la sapiencia del viejo nogal.

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