El vagón de la división

El vagón rosa es otra vez una señal de nuestra incapacidad para transcurrir en una sociedad plural.

Ante el acoso, ante el abuso, la solución es otra vez dividir.

Una familiar muy cercana y muy querida viajaba en alguna ocasión en un camión urbano hacia el municipio de Juárez, cuando enfrente de ella un tipejo comenzó a masturbarse.

¿Y qué pasó?… todo mundo miró hacia otro lado. Era mejor no ver.

Tuvo que descender de la unidad, con su hija en brazos para tratar de abordar otro camión en una avenida Juárez que estaba en semipenumbras allá por Serafín Peña.

¿Se va a necesitar una ruta de camiones rosas?

No, señores y señoras… se necesita solidaridad.

Se necesita dejar de mirar hacia otro lado… ¿No debiéramos entre todos tomar al abusador y bajarlo a empellones de la unidad?

¿No sería suficiente con exhibirlo… o con tomarlo y reportar el caso para que una patrulla lo espere más adelante y se lo lleve?

¿No bastaría con que se le aplicara la ley sin necesidad de volver a victimizar a quien sufrió el ataque, obligándola a acudir a citas en la Procuraduría?

Pero no… es más sencillo ganar notoriedad segregando a la víctima. Le regalamos un vagón rosa.

Note usted a dónde hemos llegado…

Suba a un camión de la Ecovía… a un vagón del metro… a un camión urbano… note usted cuántas mujeres mayores o de cualquier edad viajan de pie, mientras los varones fingen no verlas.

¿No nos enseñaron en casa que a la mujer hay que cederle el asiento?

¿Y a las personas de la tercera edad?… ¡menos!, tampoco se les da preferencia, esa preferencia que no se expresa en órdenes sino en voluntad solidaria.

¿Un vagón rosa?

Al rato uno morado, uno rojo… uno azul.

Divididos, siempre divididos, y todavía lo celebramos.

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