El reino de las encuestas

En el 2012 a estas alturas, las encuestas serias, todas las encuestas serias, le daban a Enrique Peña Nieto una ventaja de 14 puntos sobre Andrés Manuel López Obrador.

El día de la elección, Televisa arma una mesa de análisis y ahí está entre otros Víctor Trujillo, el adalid de la libertad… todos los expertos dicen que las encuestas de salida son concluyentes, 14 puntos de ventaja para Peña Nieto.

Pero el día siguiente de la elección, resulta que la ventaja registrada en el PREP tras computarse el 98 por ciento de las casillas, es de apenas tres puntos porcentuales.

¿Por qué vivimos y permitimos que nos impongan las encuestas una percepción que normalmente es falsa?

¿Para qué sirven las encuestas?

1.- Para obtener recursos y apoyo de empresarios o entidades que pueden patrocinar campañas… si tienes una encuesta que diga que estás peleando de cerca la victoria, o estás bien arriba, el dinero va a fluir.

2.- Para dar golpes en el ánimo del contrario… por ejemplo, las encuestas de El Norte han fallado una y otra vez en todos los escenarios, excepto en la elección de diseñador de Jaime Heliodoro, pero en todo lo demás sus fallas rozan el ridículo… aún así se mantienen con fuerza como para provocar sofocones…

3.- Para desalentar al votante, uno porque se siente ganado, ya no vota… otro, porque se siente perdido, tampoco va a las urnas.

Me impacta cómo en los programas de análisis llevan a los directores de las casas encuestadoras más prestigiadas de México, con un prestigio que las televisoras otorgan no sé a cambio de qué.

La cosa es que van estos expertos y explican, dicen, señalan, con aquella autoridad de quien desentraña secretos de física cuántica.

¿No les da pena aparece cada vez que hay elecciones a pesar de que en las anteriores volvieron a fallar en todas?

La realidad es la realidad… las encuestas son el maquillaje.

Pero la realidad siempre brota, es inevitable… el maquillaje se limpia.

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