El PRI que muere y resucita… ¿volverá en el 21?

En el año 2000 todos asistimos al entierro del PRI…

Un ranchero de bota y sombrero cumplió su amenaza de sacarlo de Los Pinos y arrasó con las elecciones, de tal manera que en Nuevo León el tricolor quedó moribundo, con violentos espasmos en la orilla del río… se moría.

Tres años después, el Revolucionario Institucional arrasaba en las elecciones locales de Nuevo León, ganaba los municipios panistas de Guadalupe, Monterrey, Santa Catarina y San Pedro… aunque este último lo entregaba por ciertos acuerdos.

Lograron una definitiva mayoría en el Congreso y parecían de nuevo invencibles.

¿Qué pasó?

Imposible señalar o pretender explicar ese fenómeno político en unas cuantas líneas… imposible llegar a la entraña sin un trabajo de investigación que incluya la opinión de los actores principales de esa novela.

Aunque curiosamente, de esos actores principales hay dos que aparecen ahora otra vez con la manija del PRI en sus manos: Héctor Gutiérrez de la Garza y Felipe Enríquez.

¿Es ahora ese el nuevo sello del PRI?… ¿morir y resucitar periódicamente?

¿Será que ahora sí está muerto?

Felipe Calderón dijo una de las mejores frases en la historia política de México: “Todos llevamos un pequeño priísta dentro… hay que combatirlo”.

Yo creo que esa frase resume algo que he creído sin reparo: El PRI somos nosotros.

La esencia del mexicano es priísta: Así de dúctil o de convenenciero… así de hábil para transitar… así de sagaz para convertir la corrupción en un sistema de vida.

El PRI es hipócrita… ¡Pero claro!… ¿y usted… y yo? El mexicano que rasga sus vestiduras ante el escándalo de la Casa Blanca, pero cree que evitar que le levanten el carro por no traer refrendo, con un pago de 500 pesos es corrupción, pero de parte de la autoridad.

Nacimos aprendiendo a llorar para obtener… crecimos mintiéndole al abonero… buscamos quién nos ayude a pasar el examen de la Prepa o de la Universidad.

Nuestro sistema político facilita el entorno para que en vez de cubrir trámites engorrosos, nos hagamos expertos en rodearlos o pasar por arriba.

De todo eso está hecho el PRI, porque está hecho de nosotros…

Don Plutarco creo un partido que reflejaba al mexicano… “ya dejemos de matarnos y mejor vamos a repartir, a todos nos va a tocar”.

Y mientras les tocó a todos no hubo problema.

Entre todos mataron a los opositores, arrasaron con los que pensaron que la democracia era posible y verdadera y siguieron.

El problema del PRI vino cuando dejó de repartir… “de salpicar”.

Peña Nieto y Rodrigo Medina son claros ejemplos de ello, mantuvieron altos índices de corrupción pero el fruto de ello solamente alcanzó para una camarilla… el resto nada más vieron pasar el barco del tesoro sin obtener siquiera una pulsera.

Así, el PRI perdió su esencia.

¿Por qué perdió todo en el 2000 y recuperó todo en el 2003?

Porque Nati repartió… a todos les tocó una tajada.

¿Por qué perdió en el 2018?… porque un triunfo de Meade no significaba que a los priístas les iría mejor, excepto a los que conforman la camarilla más cercana.

Por más que reneguemos, por más que nos creamos esa jalada de “Ni un voto al PRI”, la realidad es que el PRI volvió a ganar.

Bartlett va a la CFE… Elba Esther ya está libre… Cordero va a Gobernación… Espriú a una dirección de PEMEX… la hija de Patrocinio a una secretaría…

Gana el PRI que reparte.

¿Volverá en el 2021 el PRI formal para arrasar como lo hizo en el 2003 después del gran desastre?

Esa es la gran interrogante… la que me carcome de ansiedades.

No lo sé, pero no lo descartaría.

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