El PAN, ensuciando el apellido

Por primera vez se pusieron de acuerdo los que no podían, y presentaron una excelente propuesta ciudadana para presidir el Concejo Municipal de Monterrey.

¿Y qué pasó?

El partido más ciudadano de la historia enseñó en lo que se ha convertido gracias a esos marchantes que lo controlan: Raúl Gracia y Mauro Guerra.

Ellos quieren a un panista, a un POLÍTICO panista al frente del Concejo.

Un Concejo que no puede ir más allá del 31 de diciembre… ¡son dos meses!

No solamente rechazan a una excelente propuesta para que Alberto Palomino llegue al encargo… rechazan la posibilidad de que no haya un político tapadera al frente del Municipio.

Un ciudadano que en dos meses puede darle una revisadita a todo, y nomás por no dejar, levantar tapetes y alfombras.

No, los panistas quieren a un panista…

¿Para qué?

Bueno, en dos meses de puede contratar a gente panista, para que teniendo chamba acudan a votar por Mauro Guerra en la lucha perdida que trae por la dirigencia estatal del PAN.

¿Será por algo como eso?… me niego a creerlo, pero las señales hacia allá apuntan.

¿Por qué empeñarse en algo que no dura?

¿Solo por chiflazón?… creo que es peor que la hipótesis de hacer nómina para ganar su elección interna.

¿Qué pero le pusieron a Palomino?

No lo sabremos porque cobardes los dirigente y cobardes los diputados, unos ordenaron y los otros obedecieron sin chistar, no se presentaron al Pleno para argumentar.

¿Y cómo?, si no tienen argumentos.

Tienen intereses, tienen apetitos y esos no se explican… más bien, los explican a ellos.

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