Con las manos en el Jersey

Confieso que mi educación y seguridad vial empezó cuando iba de compras a Laredo o de vacaciones a la Isla del Padre manejando. Lo que hacía en Monterrey (No ponerme el cinturón, estacionarme en doble fila, ir a exceso de velocidad, no poner dinero en el parquímetro, etc.) lo empecé a hacer bien allá con nuestros vecinos, cuando una vez me multaron por exceso de velocidad y me llevaron con una autoridad administrativa, fue un viacrucis y una gran lección. Allá sí pagas y caro, y por supuesto tienes que respetar las leyes.

Nos guste o no, los mexicanos tenemos la cultura de la mordida, del soborno, de que “el que no transa, no avanza”, lo vemos con el nivel de corrupción e impunidad que tiene el país. Hoy en día por ejemplo andan varios gobernadores prófugos (los Duarte, los Borge) y otros implicados en procesos de corrupción después de que dejaron su gobierno, como es el caso de nuestro exgobernador Rodrigo Medina. ¿Pero, qué va a pasar con ellos? Pues nada, porque somos “el país del no pasa nada”. Pero no solo son los gobernantes y el sistema político jurídico que propicia la impunidad, los culpables somos todos. Según transparencia mexicana, el delito por corrupción mayor en México es cometido por el ciudadano común en complicidad con una autoridad municipal: los tránsitos. En otras palabras: “la mordida”.

En estos días volvimos a ser exhibidos internacionalmente, como un país de gente corrupta, ratera o como diría Trump: “Bad hombres”. Durante el evento deportivo más visto de la televisión en el mundo “el Super Bowl” se roban el Jersey del Tom Brady, el quaterback de los Patriotas de Nueva Inglaterra, toda una leyenda del Futbol Americano. Tan es así que valúan el jersey en medio millón de dólares. ¿Y adivine quién fue? Un mexicano. Pero no fue un mexicano indocumentado o un paisano de los que van allá a trabajar de sol a sol, en el campo o de intendente limpiando baños o vestidores de los equipos.

Ellos sí van a trabajar, porque no todos los mexicanos somos iguales. El ladrón captado por las cámaras de seguridad era el director de un periódico a nivel nacional: “La Prensa”. Mauricio Ortega, que no solo había robado eso, sino en otras ocasiones aprovechando su acreditación de periodista se llevó un casco de otro jugador en otro Super Bowl.

Quizás lo peor del caso no es la exhibida que nos dan como país o el ver que también los medios de comunicación no solamente tiene chayoteros al servicio del gobierno en turno, sino que pueden ser unos vulgares rateros. Lo que para mí es verdaderamente preocupante o decepcionante, es el nivel de impunidad en nuestro país, ya que quien lo encuentra y quien hace la investigación es la gente de la FBI que pide la intervención de la PGR, pero ya una vez capturado con “las manos en el jersey” no le van a hacer nada, justificando que con el nuevo sistema penal en México se busca la reparación del daño, llegar a un acuerdo con la parte afectada sin judicializar el caso. Es decir, aquí no pasó nada, ahí usted disculpe… ¿cuánto se le debe por el asunto penoso?

Cuando en un caso tan famoso de robo publicitado a nivel mundial que implica autoridades de Estado Unidos y México y resulta que el ladrón efectivamente es un mexicano agarrado con “las manos en el jersey”, el mensaje es claro: en México, aparte de “Bad Hombres”, no hay justicia, solo hay impunidad.

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