Cinismo institucional

Usted se puede robar 20 millones de pesos con la compra falsa de cobijas… y quedarse tan campante.

Usted puede llenarse de ranchos por todos lados, cuando hace 14 años su jefe político le daba un trabajo por honorarios para que tuviera con qué sacar adelante sus gastos, porque estaba en la calle.

Usted puede enviar el dinero de los ciudadanos para apoyar las aspiraciones de su suegra, que quiere ser alcaldesa.

Usted puede participar en un sistema de moches grosero y aberrante, en contra de negocios establecidos como restaurantes, como expendios de combustibles o aceites.

Usted puede tener a un maleante encargado de asuntos de seguridad, que se dedica a realizar secuestros, asaltos, robos…

Con todo y eso, usted puede salir mañana a decir que su gobierno es ejemplar, que está luchando contra las mafias del poder, contra los diputados huevones, contra la corrupción de su antecesor… contra los medios que lo atacan porque no les da dinero.

Y hacerlo son morderse la lengua, sin un gesto que lo delate como mentiroso.

Llegamos al tiempo del cinismo institucional… se puede mentir, se puede robar y hacerlo a ojos vistas, sin que importe lo que piensen los ciudadanos y las ciudadanas.

Le puede valer un cocol y dos conchitas lo que comenten otros gobernantes, usted dice que realiza un trabajo estupendo, y todos tienen que creerlo o son parte de la mafia del poder.

Ante eso… ¿Qué le queda al ciudadano?

No hay pudor, no hay conciencia.

Se miente, se engaña, se roba sin miedo, porque aunque te descubran dirás que no es cierto, que es una maquinación de quienes no quieren que tú hagas tu trabajo.

Sí señor, el cinismo, la desvergüenza son la divisa de los gobernantes de estos tiempos.

Engañar y creer que la mentira, tu mentira es verdad… ¡y que se friegue el que no la crea!

¡Vaya tiempos que nos toca vivir!

¡Vaya cínicos con los que nos toca lidiar!

El PRI en sus peores tiempos no era tan indecente.

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