A tu salud, Mictlantecuhtli

Al hacer nuestras oraciones en las noches con mis hijos (Iker y Gabrielo de 5 y 7 años) agradecemos por sus abuelos, Doña Julia y Don Roberto, mis padres, que siempre los cuidan desde el cielo. Desde las estrellas más brillantes. Pero esta vez, Gabrielo me preguntó si estaba feliz, porque iban a llegar sus abuelos y otra vez los volvería a ver.

En México la tradición del día de muertos es una gran fiesta, la heredamos de nuestros antepasados y quizás sea uno de los ritos que llevamos con más fe en la actualidad. Los panteones se llenan de colorido, de música, de comida, de flores y por supuesto de rezos.

En nuestras casas hacemos un altar en torno a nuestro santos difuntos. Los orígenes están en Mictlán, región de los muertos, según la cultura Azteca, en donde mora la Diosa de los muertos o del principio y del fin de la vida; “Mictlantecuhtli”. Hoy en día la representamos como la catrina.

La cuestión de los alimentos en los altares viene también de la mitología, ya que nos dice que los muertos para llegar a Mictlán, tardaban 4 años y cada año cansados, regresaban a este mundo por alimentos.

En los altares hay símbolos muy representativos desde la época prehispánica como las flores, que representaban la tierra, en la actualidad es la flor de cempacúchil, que con su color amarillo ilumina el camino hacia la tierra de los muertos.

Otro elemento es el fuego; que estaba representado por el incienso y copal que quemaban, hoy se incluyen además las velas.

El aire representado por el papel picado que se mueve al vaivén de su soplo; antes era el papel amate, una corteza de árbol. Y por último el agua: antes ponían pequeñas tazas con agua y pulque, hoy están en la bebida que se supone que le gustaba al difunto como el tequila, la cerveza, el agua, algún refresco, café, te, etc.

Sin duda los elementos del altar son símbolos de nuestras raíces, de nuestros antepasados, al que después se fueron integrando las figuras y símbolos de catolicismo, como imágenes de la virgen de Guadalupe, un santo o un rosario en el mismo altar. La fecha misma, que antes era a medidos de agosto, la iglesia la pasa al 1 y 2 de noviembre. Esta tradición tan mexicana ha trascendido nuestras fronteras, a tal grado que la UNESCO lo ha declarado “Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad”.

Después de dormir a ms hijos me fui a observar el altar de muertos que puso mi mujer, Isadora, junto con ellos. Me quedé contemplando una foto de mis padres, los dos de jóvenes, sonriendo. Vi en el altar un cerveza Carta Blanca que les gustaba a ambos, les sonreí y me serví un tequila y brindé con ellos…

Quise platicar, pero no oí sus voces, solo el viento que intentaba apagar el fuego de las velas. Olí la flor de cempacúchil, cerré los ojos y me bebí el último trago de tequila diciendo salud: Por “Mictlantecuhtli” (la diosa) por Doña Julia, Don Roberto, y como dijo Gabrielo, ojalá y que esta noche los pueda ver aunque sea en mis sueños.

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