¿Y Jaime?

¿Enfermo?

No, Jaime Heliodoro no está enfermo, quizá deprimido.

Descubre que los mismos poderes que lo encumbraron ahora parecen empeñados en derribarlo.

El tema de su castigo no tiene que ver con asuntos legales, sino políticos… alguna vez Rodrigo Medina fue utilizado como carne de cañón, como piñata para que otros le dieran palos y obtuvieran dulces.

Hoy la piñata es él…

Conocí a Jaime Heliodoro, no al Bronco, no al personaje que se inventó y se inventaron otros para sacar jugo y ganancia.

Aquel Jaime tenía sus defectos, mitómano por ejemplo, pero a fin de cuentas destilaba cierta nobleza.

No era la madre Teresa de Calcuta, pero tampoco disfrutaba en hacer el mal a otros.

El Bronco, en cambio, hizo de sus primeros meses de encumbramiento un ejercicio de dañar, de golpear a mucha gente inocente a la que sus secuaces corrieron en su nombre de una manera indigna.

Gente hubo que cayó enferma, que requirió terapia, que perdió todo lo que tenía…

Jaime ya no va a recuperar el apoyo de esos poderes que lo encumbraron, pero puede recuperarse a sí mismo.

No requiere de una gran disculpa pública, requiere de abrir los ojos al daño que hizo a la vida de seres humanos, muchos de ellos que votaron por él y recibieron una patada en respuesta.

Jaime Heliodoro puede evitar sufrir la suerte de aquel a quien en cuanto cae, le falta cuerpo para recibir las patadas de quienes buscan venganza.

No es sencillo…

El político está arruinado… el ser humano tiene que buscar una salida.

Ser el mejor Gobernador en el tiempo que lo dejen… parar la sangría a las arcas que están a su cuidado y tratar de transformar lo que pueda ahora, para bien de la gente.

El perdido va a todas…

Jaime Heliodoro está perdido.

Inventarse una enfermedad para salir por esa puerta es indigno de cualquier ser humano.

Entierre al Bronco y recupere a Jaime, o lo que pueda de él.

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