Sin un gobernador de verdad, el desabasto nos cae, pero no de sorpresa

Nuevo León era intocable, hasta que llegó Jaime Heliodoro.

Entonces nos convertimos en una entidad ordinaria, común y corriente.

Aquí puede pasarnos de todo… lo negativo, desde luego.

Mire usted: Mientras el desabasto se dejaba sentir en diez entidades, mientras veíamos desde acá las escenas de gasolineras atestadas, calles desiertas, gente acarreando gasolina en garrafas.

Mientras todo pasaba a 800 kilómetros de distancia, no hubo un líder en la comunidad, un Gobernador (con mayúscula) que llamara a todos los actores y en su papel de jefe del Ejecutivo, escuchara y propusiera medidas de previsión y de provisión.

Nadie que avizorara lo que se iba a dejar venir.

Hoy el desabasto ya nos toca y nos golpea, esta noche hay miles de personas que duermen con la zozobra y trazando rutas para ir en busca de combustible.

Un gobernador de verdad hubiese comenzado a facilitar el trámite y apoyado en lo necesario para que quienes lo necesitaran, trajeran gasolina de Texas en trenes.

Pero no, no tenemos un gobernador de verdad…

Tenemos esto… tenemos esta realidad tan lamentable.

Este despertar a la realidad: Nuevo León ya no es intocable.

A Nuevo León cualquiera lo cachondea.

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