Rosario Ibarra… indómita

¿Cuándo se olvida a un ser querido? ¿Cuándo el dolor se va? Quizás cuando en las noches no te visita el insomnio y puedes dormir; sueñas que estás con él, con el hijo que un día el gobierno se llevó, entonces al despertar de nuevo vuelve el dolor entero, la consigna “vivos se los llevaron, vivos los queremos”; quizás por eso la indómita Rosario Ibarra de Piedra le dijo no al Senado, al Presidente, no a la medalla Belisario Domínguez.

En un hecho insólito, la mujer de mil batallas, la de la herida abierta, la que empezó una lucha en los años setenta, junto con otras mujeres y hombres que vieron que sus hijos desparecieron por la guerra sucia del gobierno totalitario del PRI; ella, que fundó el Comité Eureka en pro de esos jóvenes que el Estado encarceló, despreció y a algunos los mató; ella, la indómita, rechazó la presea “Belisario Domínguez” con un gran discurso, del cual recupero sólo unas líneas por razones de espacio porque nada del mismo tiene desperdicio:

Por más de cuatro décadas, el Comité Eureka ha transitado azorado de terror oficial, sintiendo el dolor de saber cautivos y torturados a nuestros seres queridos… Llenó de presos políticos las cárceles de todo el país… Mi adorado esposo, firme soporte de mi vida, fue torturado viviendo en carne propia lo que le esperaba a todo aquel que era detenido… Visitando las cárceles en todo el país, boteando para poder tener recursos para los volantes y los carteles… Acudiendo a las instancias internacionales defensoras de los derechos humanos… cociendo o pegando las fotografías en las mantas o poniéndoles cordones para colgarlas de nuestros pechos…después supimos con certeza que la desaparición forzada de los nuestros… lleva el nombre de terrorismo de Estado.

¿Y qué ha pasado? Más de un año de ese Gobierno… Señor Presidente Andrés Manuel López Obrador, querido y respetado amigo: No permitas que la violencia y la perversidad de los gobiernos anteriores siga acechando… Es por eso que dejo en tus manos la custodia, tan preciado reconocimiento, y te pido que me la devuelvas junto con la verdad sobre el paradero de nuestros queridos y añorados hijos y familiares…

Así la gran dama del norte, de la piel cansada y llena de cicatrices en el alma, le deja el mensaje al Presidente; está ella presente en el Senado sin estar, se desaparece de tan grande honor de recibir la medalla “Belisario Domínguez”, porque a alguien como Doña Rosario no le hace falta, no necesita reconocimientos, necesita verdad y justicia.

Quizás ahora, a más de noventa años de vida, su cuerpo está cansado del gran vacío que fue creciendo al no saber de Jesús Ibarra, su hijo desparecido; pero aun así sigue acomodándose sus heridas, sus recuerdos; con su espíritu y alma fuertes no se da por vencida, por eso desde las montañas de Nuevo León, donde ahora radica, se oye su grito “vivos se los llevaron, vivos los queremos”, el cual no parará hasta el último día de vida de la indómita, la gran señora Rosario Ibarra de Piedra.

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