No somos noticia

Los reporteros no somos noticia…

Panchito Cerda jamás permitió que se publicara la nota de un reportero al que golpearan mientras cubría una nota, o le jaloneaban la cámara.

Esa vieja escuela se perdió y ahora los reporteros “valientes” de estos tiempos me dan pena.

Jorge Ramos no presenta noticias ni investigaciones, se presenta a sí mismo expulsado de una sala de prensa por Donald Trump, o “retenido” por Nicolás Maduro.

¿Y la nota, papá?… la nota fue él.

Carmen Aristegui se apropia de notas ajenas, como la de la Casa Blanca impulsada desde el New York Times, y luego se vuelve noticia porque le quitan un programa de radio, y porque no tiene foro.

Los reporteros no somos noticia…

En Nuevo Laredo me tocó suceder en la dirección de un periódico a un periodista cobardemente asesinado, Roberto Mora…

La situación estaba fea, pero allí conocí a Sandra, la jefa de fotógrafos, quien recibía amenazas a diario y le colocaban la pistola en la frente dos veces por mes.

Nunca se rajó, nunca dejó de entregar su material a la mesa de redacción.

Allá en Nuevo Laredo, los reporteros de la ciudad tuvieron a bien invitar a Carmen Aristegui a que les diera una plática de ejercicio periodístico en situación de riesgo… ¡Ja!, ¿saben cuándo fue la valiente dama?

La siguen esperando.

Tampoco pudieron convencer a Jorgito Ramos.

¡Y curioso!, el que sí fue a realizar un excelente reportaje fue Fernando del Rincón, quien me comentó “tengo miedo”… “tenemos”, dijimos todos.

Pero es la chamba, y cuando en vez de reportar lo que ocurre y ser los ojos, oídos de una audiencia, nos convertimos en la noticia, entonces no servimos.

Los reporteros no necesitamos leyes ni comisiones que nos protejan, creo yo.

Siempre ha sido más peligroso ser albañil en las alturas que ser periodista, y no veo ni leyes ni comisiones legislativas para los albañiles.

Veo periodistas que no hace mucho eran combativos contra el gobierno, San Juanita, Villamil… ahora convertidos en burócratas.

¡Llegamos!, dicen… ¿llegamos?

Los periodistas nunca llegamos, siempre somos críticos.

Si no, ¿para qué diantres vamos a servir?

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