Nacer

Luciérnagas giraban alrededor del bosque donde ella se paseaba en un columpio que colgaba de un árbol viejo, mientras yo la tomaba por la espalda para balancearla; sin embargo, mis ojos veían al cielo, a la espera que el fruto que llevaba en su vientre bajara ya, para decirme papá: un 15 de agosto del año del Bicentenario de la Independencia de México, nació mi hijo Iker.

Esa noche hicimos ejercicios propios para el parto, meditaciones, primero en nuestra terraza y luego salimos a caminar por el bosque; oímos correr el agua del pequeño riachuelo; las estrellas iluminaban el cielo y las luciérnagas la tierra, en espera de nuestro cachorro, así le decíamos antes de nacer.

Cuando todo parecía un cuento de hadas, llegó la realidad, casi una pesadilla, un cuento de terror; ya en el hospital con mi traje de baño puesto, porque iba a nacer en el agua de parto natural, se complicó todo. Ella no dilataba, al niño se le oía más lento el corazón. El bebé aspiró el “meconio”, palabra que aprendí ese día y nunca se me olvidó, en lenguaje coloquial se hizo popó y se la estaba tragando. “Urgente, cámbiese”, me dijo una enfermera. Entré corriendo al quirófano y ya le estaban abriendo el estómago a mi esposa para rescatar al pequeño, que traía problemas adentro de la panza de su mamá, algo pasaba que se dificultaba su nacimiento.

Así fue de estresante algo que parecía tan dulce, placentero; el dar vida estaba a punto de convertirse en muerte. Así tocaba, dicen algunos. Estaba destinado, como el año en que nacía, en que se celebraba una independencia que nos costo miles de muertes y a dos siglos de aquel evento, seguimos con la dependencia, ahora no de España, hoy estamos con la dependencia de Estados Unidos y sujetos a los caprichos no de un rey, sino de un ignorante presidente que nos amenaza por medio del Twitter.

Y ahora, en los nueve años de Iker, en nuestro México nos dicen que está naciendo un nuevo régimen, una nueva forma de gobernar que traerá luz y esperanza a los más necesitados; la oscuridad producto de la corrupción se acabará, así como se terminarán las muertes violentas, la inseguridad que acecha día a día a los mexicanos; es decir, en teoría habrá más empleos y una mejor economía para el país.

Sin embargo creo que, igual que en el nacimiento de Iker, el discurso y las proyecciones del nacimiento de un nuevo régimen llamado “La Cuarta Transformación” se está complicado, al topar con una realidad económica mundial y local difíciles, aunado a que al parecer los forjadores de esta renovación también se están comiendo su propio excremento, que un día sale de su partido, con sus disputas internas, y otro de los mismos funcionarios, con el fuego amigo que practican casi a diario.

Pero aún es tiempo de ayudar a su nacimiento, aunque su corazón se le oye lento, quedan cinco años y vemos en el bosque de México cada mañana a un ganso llamando a las luciérnagas ciudadanas a dar a luz, para que nazca La Cuarta Transformación.

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