“Maquío”: ¿Accidente o crimen?

Me pregunto cuál es el mejor momento para despedirse, dejar a los hijos, a tu mujer, a tu tierra que te vio nacer, tus pasiones, tus creencias. ¡Claro! Si se pudiera elegir… Pero sé que no se elige, la vida va llevando por los caminos que se tienen que recorrer, aunque esos mismos caminos, veredas, carreteras puedan llevar a la muerte, como murió en un accidente, un 1 de octubre de 1989, el gran “Maquío”; el político, pero también el padre, Manuel Clouthier.

Sin duda para la familia Clouthier el 1 de octubre no se olvida, ni se olvidará, aunque hoy hayan pasado 30 años de la gran tragedia, en la que el padre, el esposo, el hijo de familia fallecía en ¿un accidente automovilístico? En el kilómetro 150 de la carretera Culiacán-Mazatlán un tráiler embestía un automóvil Dart K, donde viajaban el “Maquío” y Javier Calvo, líder del PAN estatal de esa época.

¿Accidente o crimen? A 30 años del suceso, éste sigue dejando dudas debido al entorno político de aquel tiempo, ya que “Maquío” había enfrentado al Partido–Estado y logró por primera vez unir a la izquierda de esa época con la derecha en torno a la democracia. Unos meses antes de su accidente se había instalado en huelga de hambre en el Ángel de la Independencia, en el entonces DF, por el fraude electoral de las elecciones de 1988; además, se sentó en diálogo político con Cuauhtémoc Cárdenas y Rosario Ibarra de Piedra, los otros candidatos que habían sido agraviados por el fraude electoral a favor de Carlos Salinas.

Sin duda sería muy incómodo un “Maquío” en el sexenio de Salinas, pues aunque el Presidente pudiera negociar en un futuro con el PAN, “Maquío” seguía sus impulsos, tenía un liderazgo propio más allá del partido; él antes ya había sido líder empresarial a nivel nacional, era una voz disidente para el sistema político mexicano en ese momento gobernado por el único partido hegemónico del país: el PRI.

Sus frases quizás retumbaban muy fuerte en una cabeza calva de grandes orejas: “Sólo está derrotado aquel que deja de luchar”. ”La cosa no es cambiar de dueño, sino dejar de ser perro”. “Mi lucha no es para que creas tú en mí, en mis sueños, sino para que tú creas en ti y en tus sueños y tú luches por ellos. Cuando hayas aprendido esto, habrá terminado la misión de Maquío”. “México va a cambiar, contigo o sin ti o a pesar de ti”. “Sólo vale la pena vivir por lo que se está dispuesto a morir”…

Y así fue, murió haciendo lo que más le gustaba; iba a un mitin político, después de que en la mañana estuvo con su familia y acudió a misa del domingo; era creyente, un apasionado a la política en el sentido de justicia social; fue un rebelde para el sistema político, un bárbaro del norte, que deseaba como él decía: “Le quiero abrir un boquete al sistema político por donde quepa yo”.

No conocí al “Maquío”, he leído sobre él, he visto videos de sus luchas políticas, tengo el gusto de conocer a dos de sus hijas, Rebeca y Tatiana, he coincidido en algunas batallas políticas con ellas, he platicado sobre su padre más allá del político. Por eso, a 30 años de que se fue y que todavía hay preguntas sin respuesta de su manera de partir, me pregunto: ¿Cómo está hoy la familia?

El país continuó, la derecha llegó a la presidencia y acaba de triunfar la izquierda. Pero ¿Alguno de ellos detuvo su vida por la muerte de su padre? ¿Le faltó la despedida, el adiós, el último beso? No sé, lo que sí creo es que en algunos de ellos, seguirá una pregunta en su mente, que no se va a olvidar y tal vez no podrá comprobar: ¿Accidente o crimen?

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