Los pejebaches

¿Nadie se siente ofendido cuando le regresan a Elba Esther todas sus propiedades?

¿Nadie se molesta cuando descubre que los ninis beneficiarios y los receptores de las becas de apoyo ocupan el dinero que se les entrega en comprar cerveza?

¿Ninguna reacción provoca enterarse que no se compraron todas las pipas pero se pagó más de lo estipulado?

¿Y qué me dicen del aumento del 11 por ciento en el presupuesto del aeropuerto Santa Lucía por un cerro que el amigo del Presidente olvidó incluir en el proyecto?

Los baches no cambian el destino de una carretera, cierto.

Y puedo conceder a los adoradores del Peje que el destino al que apunta el gobierno es un mejor destino que el de los gobiernos prianistas.

Pero en el trazado del camino los baches como los señalados comienzan por ser molestos…

Molestan e indignan como cualquier otro bache

Pero de repente, a lo mejor alarmista que soy, veo el tamaño de los baches y me preocupo.

Ya no son anecdóticos…

Estos baches pueden ponchar una llanta o peor, romper la suspensión y dejarnos tirados en medio de la nada.

En pocas palabras, son ya muchos casos de corrupción para un gobierno que aspira a impulsarse con el combustible de la calidad moral.

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