HISTORIAS DEL PAN NL TRABAJO POLITICO DEL PAN EN NL 1988-1991

En 1987, siendo gobernador Jorge Treviño, se llevaron a cabo reformas a la Ley Estatal Electoral del estado de Nuevo León, entre ellas la integración de candidatos de representación proporcional para diputados locales y regidores de ayuntamientos.
Se acordó que los candidatos a diputados que más votos hubieran obtenido -del partido político que perdiera la elección-, tendría derecho a ser parte del congreso; lo mismo pasaría en el caso de los regidores, pero aquí se tomaría en cuenta el orden de la lista. Esta modificación brindó la gran oportunidad de que los partidos de oposición pudieran participar en las decisiones que se tomaban en el congreso y los municipios del estado.
Las medidas antes tomadas, provocaron que en las elecciones de 1988 el PAN lograra tener representantes en el congreso y algunos ayuntamientos, aunque no hubieran triunfado en las elecciones de ese año; lo mismo ocurrió en 1991.
En el Congreso del Estado estuvieron como diputados Alfredo Corella, Cobis Lobo, Concha Lupe Garza, Chelo Botello, Félix Garza, Juan Manuel Zavala, Juan Celada, Julio Castrillón, Jesús Aldana, Antonio López Rocha, Héctor Yánez, Rodrigo Sarmiento.
Al iniciar la legislatura Pablo Emilio Madero, quien tenía las facultades para nombrar al líder de la bancada panista, decidió que se llevaría a cabo una elección interna, de la cual resultó ganador Alfredo Corella, pero como no le gustó el resultado, decidió unilateralmente que sería coordinadora la diputada Consuelo Botello -Debo decir que Chelo Botello fue una mujer muy trabajadora, que dejó una gran huella-. Esta decisión provocó la molestia de Corella y otros diputados, quienes rechazaron la medida unilateral de Madero y se separaron del grupo parlamentario. Esta división prevaleció todo el periodo legislativo y se abrió una enorme distancia entre los panistas tradicionales y los neo-panistas.
Pese a los conflictos internos de los primeros diputados panistas de acción nacional, se lograron introducir y sacar iniciativas que beneficiaron a la comunidad. Cabe señalar que en esos años no era fácil trabajar desde la oposición y menos en contra del PRI-GOBIERNO.
Por otra parte, es importante señalar que el presidente del PAN Estatal, Pablo Emilio Madero, -hombre de gran fortaleza y digno representante del panismo tradicional- fue candidato a la presidencia de la republica contra Luis Echeverría Alvarez, del oficialismo; llevando a cabo una campaña muy intensa, en la cual recorrió todo el país, sin recursos, ni apoyo.
Las sesiones del comité estatal -de las cuales yo era miembro-, las manejaba con mucha firmeza y apegado a los principios, valores y reglamentos de PAN. No permitía que nada se saliera de orden. Recuerdo que a los diputados locales los quería tener bien controlados. Corella, Cobis y Concha Lupe eran vigilados con lupa, -aunque ellos normalmente no le hacían caso-; hasta que una ocasión Madero decidió expulsar a Corella, por supuestas violaciones a los reglamentos y principios del PAN. Los miembros del comité aprobaron llevar a cabo el juicio y … ¿saben quién fue el abogado defensor? Monter.
El juicio a Corella fue toda una experiencia para mí, ya que pude adentrarme en los enredados caminos del panismo tradicional y comprobar que eran duros, exageradamente guardianes del partido y sus orígenes. Desconfiaban de toda aquella actividad política que se saliera un milímetro de lo establecido por ellos.
Sentía la clara intención que tenían de expulsar definitivamente a Corella; el proceso fue cerrado y muy limitado para aceptar las pruebas de la defensa… ¡ah! pero eso sí, se permitía todo tipo de pruebas de la parte acusadora.
Como pruebas a favor de Corella, solicité testimonios de mucha gente influyente en el PAN y de esta manera logramos que la sentencia fuera simbólica, pero Corella no la acepto. Entonces tuve que hablar con Luis H. Alvarez, presidente nacional del PAN y pedirle su intervención, -una vez que acredité la falsedad y exageración de la demanda-. Al final, logramos la exoneración de Corella, pero se abrieron muchas heridas, recelos y desconfianza por parte de ambas partes, que perjudicaron a la ciudadanía y por supuesto al PAN. Los egoísmos y protagonismos nunca han sido buenos para la comunidad y mucho menos para la democracia.
En el periodo 1988-1991, el ayuntamiento de Monterrey vivió una nueva etapa, con la incursión de los regidores de oposición encabezados por los panistas, Felipe Cantú, Jorge Padilla, Humberto Treviño Landois, Aurelio Cabello, Roberto Ramírez y Hermenegildo Estrada. Es importante señalar que el Presidente Municipal era el Dr. Sócrates Rizzo García.
Estaba en marcha el gobierno de Carlos Salinas de Gortari, lo cual era excelente para Monterrey y por supuesto para el entonces alcalde, Rizzo. Una anécdota que pasó a la historia fue aquella cuando el huracán Gilberto azotó Monterrey y la zona metropolitana el 8 de septiembre de 1988; el presidente visitó las áreas afectadas y caminando en medio del lodo, frente a los medios de comunicación y gente que los acompañaba le dice: “ahí te encargo Sócrates”. En ese momento entendimos quien sería el próximo candidato y gobernador de NL, aunque cabe señalar, fue un proceso abierto, el que se llevó a cabo para su elección interna en el PRI. El PAN estaba en la lucha, aunque sin recursos para poder enfrentar a los adversarios. En ese entonces los priistas decían que no teníamos experiencia para gobernar y de esa manera invitaban a la ciudadanía a no darnos ni un voto.
Puedo decirles que tuve innumerables reuniones con alcalde Rizzo, para presentarle diversas solicitudes y demandas ciudadanas, que impulsaban nuestros regidores. Siempre me atendió con respeto y diligencia; claro, no tuve respuesta positiva en todo lo solicitado, pero logramos a nombre de los ciudadanos muchos resultados positivos; por ejemplo, el municipio de Monterrey gestionó y logró a petición nuestra, que se entregaran miles de escrituras de casas, tras regularizar la situación de quienes estaban en terrenos irregulares; nuestro argumento era muy sencillo, esas personas tenían muchísimos años viviendo en la inseguridad jurídica y necesitaban certeza.
No había necesidad de dejarlos indefensos ante los líderes sindicales y funcionarios corruptos que los extorsionaban permanentemente. El alcalde se sensibilizó mucho con el tema y procedió a resolverlo a pesar de que no estaba en su esfera de competencia.
Todas estas gestiones eran sumamente criticadas en el PAN estatal y me señalaban con índice de fuego. Mi respuesta era muy sencilla: ” Estoy poniendo en práctica los principios del PAN”. La discusión era que no podíamos confiar en nuestros adversarios políticos, es decir, el PRI. Yo les decía: ” Creo en firmemente en dialogo y seguiré trabajando por el bien común”.
Mi objetivo era buscar soluciones para beneficiar a los más necesitados, fueran o no panistas.
Los neo- panistas pensamos entonces que teníamos que tomar las riendas del PAN a nivel local y nacional. La lucha se dio en diferentes lugares del país, en Chihuahua, Puebla, Coahuila, Jalisco, Michoacán, Yucatán, Baja California, Sonora, Sinaloa, Guanajuato y por supuesto Nuevo León.
Existen muchas personas que trabajaron en este proyecto, sin embargo, quiero mencionar a dos, quienes hicieron una labor titánica: Fernando Canales y José Luis Coindreau. Con ello no pretendo demeritar a nadie. Menciono a ellos dos, porque fui testigo y colaborador de innumerables acciones que permitieron al PAN transitar por nuevos estadios de aportación a la democracia de nuestro país.
Las historias continuarán…

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