Entre un guajolote y un boeing

“Señor… ¿me permite llevarme el guajolote que le regalaron para ponerlo junto a los demás animalitos?”

_¿Guajolote?… ¿cuál guajolote?… ¡Ah!… ¿Ejte?… ¡Es Jiménej Ejpriú!

El alma del ayudante vuelve a su cuerpo.

Es que de tanto regalo que recibe, ya no hay espacio en Palacio Nacional, sobre todo cuando de animalitos se trata…

¿Dónde ponemos los pambazos que le pusieron encima de la cabeza? ¿Cerca de los pájaros chileros que le regalaron en Morelos?

Porque también hay que tomar en cuenta que los sombreros de Torreón no pueden estar dentro de una caja porque se pudren…

No es broma, eso de andar ranchando te hace regresar con un montón de cosas que no necesitas, pero te obliga procesar.

Yo diría que antes de rifar el avión rife el guajolote.

Se me hace que sale más pronto.

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