Domingo de misa e informe

Un domingo diferente, sin barbacoa por la mañana y a las prisas temprano para ir al misa de niños con los excéntricos y extraordinarios jesuitas en el Centro Cultural Loyola; apenas eran las 10 de la mañana y yo ya tratando de entrar a la espiritualidad o al sueño que se quedó en la noche anterior con mi ángel de la guarda. Sin embargo, ya es 1 de septiembre, mes de la patria, día del primer informe “ah no, menos, el Tercer Informe al Pueblo”; así bautizado por nuestro Presidente.

Mientras el Presidente daba a conocer su informe de gobierno, mi familia y yo oíamos la liturgia: “Cuanto más grande seas, más debes humillarte…”, nos anunciaba la primera lectura. Con todas las diferencias guardadas pensé si nuestro Presidente hoy, en este gran momento de su vida, ¿pensará igual? “Tu bondad, oh, Dios, preparó una casa para los pobres…”, el salmo igual nos hablaba de esa causa que defendió y ha repetido AMLO: “Primero los pobres” ¿Se ha cumplido hasta hoy?

“…Cuando des un banquete, invita a pobres, lisiados, cojos y ciegos; y serás bienaventurado, porque no pueden pagarte…”, eso nos decía, el evangelio de San Lucas, mientras en Palacio Nacional, en las primeras filas, estaban familiares, políticos de “primer nivel “, los representantes de las Cámaras, el Poder Judicial, los gobernadores, los presidentes de los organismos “autónomos” como el INE, INAI, CNDH, etc… así como los empresarios Calos Slim, Emilio Azcárraga, Carlos Salazar Lomelí, Antonio del Valle, Germán Larrea, Carlos Bremer, entre otros.

Cuando salí de la misa, puse la radio para oír el discurso del Presidente, por supuesto que mis hijos no estaban muy a gusto, menos su madre, quien casi me pide que le cambie a la radio o se baja del carro.

Lo que vi después, lo que he leído y lo que he comentado con gente que estuvo en Palacio Nacional, el comentario común, es que el evento fue totalmente diferente en cuanto a la forma, con relación a cualquier otro informe de gobierno de los otros presidentes; éste dejó a un lado la parafernalia, la gran seguridad, guaruras, cierre de calles, los besa manos, el coctel después del informe, los lujos y detalles de decoración en Palacio Nacional; no hubo las grandes pantallas ni videos resaltando la figura del Presidente, sólo un pequeño templete, con una mampara de fondo; esto fue totalmente distinto, austero, sencillo, directo y muy corto, el acto duró noventa minutos nada más.

En cuanto a su contenido, el informe presidencial fue igual a cualquier otro evento de su tipo, en el que se recalcaron los grandes logros del gobierno, sin muchos datos precisos, mientras que se dejaron de lado las preocupaciones económicas del país y sobre todo la parte de la seguridad, de la que sólo se mencionó que es una asignatura pendiente. Como cualquier otro Presidente, López Obrador sólo informó “las cosa bonitas” y lo dijo muy claro: “La mayoría de los mexicanos apoya la transformación y están contentos: feliz, feliz, feliz”.

Al final de ese domingo, ya en la tranquilidad de la noche, mis hijos sí parecían felices como dice AMLO y para rematar su felicidad me pidieron un cuento: “Había una vez un señor de canas blancas, de espíritu indomable, que se propuso transformar a México y para eso él mismo se transformaba, en ganso, en predicador, en mesías, y todas las mañanas se levanta temprano…”.

No fue necesario continuar, el profundo sueño llegó en ambos menores; yo también me fui al cama tranquilo, feliz, pero mis últimos pensamientos fueron qué hubiera dicho al final del cuento… ¿y vivieron felices por siempre los mexicanos? o ¿sólo fue un ensueño de cuarta…?

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