De redentores indeseables

Pienso en una escena inolvidable en la película El Ceniciento, con Tintán y Andrés Soler.

El Carnal Marcelo, en ese entonces jefe de una familia en donde estaba de arrimado, lo echa a la calle en una noche de tormenta y le dan un paraguas para que se proteja… en cuanto sale, le cae un rayo y renegrido por la quemazón, entra a la casa con el paraguas en llamas… imposible no carcajearse.

Lo vuelven a correr y vaga por las calles hasta que llega a un establecimiento del que sale un caballero de color, Tintán suelta una morcilla inolvidable: “¡Híjole!… ¡a usted le cayó el rayo allá adentro, ¿verdad?”

Aún escucho las carcajadas de las personas con quienes veo la cinta una y otra vez… amigos y amigas de gremios afines.

Hoy en día, esa película sería despedazada por los organismos que luchan contra la discriminación racial… ¡Ese es un chiste de mal gusto!, bramarían.

Supongo que igual bramarían en la cinta cuando Samuel L. Jackson bromea con un joven rubio que busca enamorar a una mujer negra… “Tu no das la medida para una mujer como ella, admítelo”.

De repente nos convertimos en una sociedad debilucha, a la que todo le duele.

Desde los gritos contra el portero del equipo rival porque son homofóbicos, dicen… Hasta saludar a un amigo al que le dicen de cariño el Negro… como si decir güero no significase lo mismo.

A lo mejor vengo de otra era y en esta escena de Volver al Futuro, no entiendo en qué momento todos necesitamos que alguien nos defendiera…

Yo paso, no necesito redentores baratos.

Te puede interesar