Chile y la razón de su ira… el modelo mexicano

Leo crónicas de El Mercurio en Chile, y miro en sus editoriales el asombro por un caos inesperado.

Entonces llega una letra, una frase… los hijos de la ira contenida.

Señal de los tiempos.

Los jóvenes que ahora destrozan los sistemas de transporte y que incendian autobuses o patrullas, no vivieron la persecución de Pinochet…

No fueron ellos a quienes lanzaron vivos al mar desde un helicóptero o de un avión.

Pero bien adoctrinados, sin que lo notaran los que estaban ocupados en disparar la economía a niveles de primer mundo, estos jóvenes se llenaron de ira contra aquellos que pusieron la bota sobre el cuello de sus antecesores.

Chile instrumentó la política de Perdón y Olvido, tras la dictadura.

Chile fue un país modelo, pleno en disciplina y en progreso.

Pero alguien sembró la cizaña del odio en los niños y las niñas y les habló del ogro maldito que mató y que persiguió.

No se dieron cuenta, porque para tranquilizar las cosas dejaron en los “socialistas moderados” la educación.

Y cuando los socialistas ganaron por primera vez la presidencia todos se admiraron porque no hubo un gran viraje en el manejo de la economía… lo hubo en el sistema educativo, capaz de entregar ingenieros con capacidad sobresaliente, pero con semillas de resentimiento en el alma.

Hoy los preparatorianos, los universitarios explotan porque el sistema del metro les iba a elevar tarifas… o por el combustible.

Explotan y la verdad todo mundo está asombrado, ¿cómo puedes enfurecer cuando por muy deficiente que sea el servicio es bastante mejor que en la Argentina o en Brasil?

La respuesta está en la semilla de la ira…

¿Poner nuestras barbas a remojar o ponernos a temblar?

Es justo que nos indignemos ante las metidas de pata monumentales de la 4T en materia económica.

Es justo que nos alegremos por el sistema de reparto de dinero entre los desposeídos.

Pero todos, absolutamente todos, deberíamos temblar ante la clase de muchachos que nos va a reportar el sistema educativo entregado en manos de la CNTE.

Allí comienza el caos que todavía no vemos.

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