Celso Piña y su ronda angelical

Notas de acordeón llegan desde los cielos en este verano caluroso de Monterrey; se quiebran las nubes en llanto, en lluvia que moja al cerro de La Campana, al barrio de la Independencia, a la banda vallenata, porque se acabó su concierto, porque alguna vez él dijo cuando terminaba de cantar y le pedían otra: “ Todo lo que empieza termina”, aun hasta la vida misma también se nos va… “El Rebelde del Acordeón” ha muerto: Adiós Celso Piña.

Conocí a Celso Piña a finales de los noventa, gracias a Luis Manuel López, “El Chino”, un joven amante de la música vallenata, quien me lo presentó cuando yo era director del programa municipal “Monterrey Joven”. Organizamos el concurso “Voces de Acordeón” con el que impulsamos a los chavos, por medio de la música vallenata, para que dejaran las pandillas callejeras. Celso nos ayudó como juez, aunque terminó cantado y tocando con los chavos aventándose el clásico “palomazo”.

Debido a ese concurso, que lo hicimos durante los tres años de la administración municipal, volví a ver a Celso Piña . Además con Luis Manuel “El Chino”, fuimos a Colombia , la tierra de Gabriel García Márquez , el premio Nobel de literatura que en el museo Marco, Celso Piña fue capaz de invitarlo a bailar su música y el gran Gabo accedió a moverse al son del “Rebelde del Acordeón”.

Sin duda Celso Piña fue el mayor representante de la música vallenata en la localidad, ya que después de andar en salones y cantinas del pueblo, de los barrios olvidados, le fue dando un giro, mas abierto, con mezclas de diferentes sones, más internacional se hizo su música, en escenarios como el Auditorio Nacional y en festivales de Europa. En otras palabras, el icono del cerro de La Campana logró traspasar las fronteras de su barrio, del norte del país y de todo México.

También debemos decir que el inicio del intérprete no fue fácil, pues representaba esa parte regia que a veces se niega o se llegó a negar. Es decir, en un principio se le criticó por barrio, por tocar cosas diferentes, ya que el acordeón era para la música norteña, no para el vallenato. Sin embargo, él fue un rebele, aparte era chavo banda, el marginado, el del cerro de La Campana, el posesionario, el de “La Risca”, decían; el de la raza de la “Indepecolombia”, “el loco mariguano” sólo por cantar y componer música diferente.

Fue también generoso con otros músicos jóvenes como los Chuntaros Style, El Gran Silencio, con el rapero “Pato Machetes”, entre otros chavos del barrio, de la nueva generación de músicos regios, quienes aprendían del maestro, pero también él aprendía de la bandita.

Ahora sólo nos queda escuchar al cielo sonar su cumbia, porque estoy seguro que Celso Piña sigue de parranda, en la nube de doña Judith, con San Pedro, con la angelita “La Negra Nelly” ha de estar bailando; porque “La Cumbia sobre el Río” ahora será sobre las nubes. Me imagino al Gabo recibiéndolo con mariposas amarillas, él sonriendo sabiendo… todos los remolinos de recuerdos que dejaba… En su tierra regia, en su cerro de La Campana, en su rancho “Macondo” desde los cielos nos pide como siempre un “Grito Machín”, “Aunque no sea Conmigo”, dirá; porque ya se le acabaron “Los caminos de la vida“…Tan sólo quedan versos del compositor/ y las penas del dolor/ y las penas que ha pasado… Por que “Si mañana” volviera empezar un nuevo grupo en el cielo sería : Celso Piña y su Ronda Angelical.

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