A un año de gobierno

“Fifí, prensa conservadora”, “Yo tengo otros datos”, “Fuchi, guácala”, “Abrazos, no balazos”, “Me canso Ganso”, “Primero los pobres” “No más corrupción en la construcción del país”, “Nosotros no somos iguales”… Esas frases y otras más retumban en la mente de los mexicanos, Chairos o Fifís.

Quizás por eso a un año del mandato como presidente de Andrés Manuel López Obrador, su aprobación sigue siendo muy alta, del 68 por ciento, mejor que sus tres antecesores: Peña, Calderón y Fox. Me pregunto, el otro por ciento que no aprueba su gestión es sólo ¿Porque son Fifís, conservadores o las mafias a las que les quitaron el poder?

Podrán ser también ciudadanos preocupados por la economía que está estancada y no crece o gente que ha sufrido una tragedia o una muerte debido a la terrible inseguridad que prevalece en nuestro país y el actual gobierno no sólo no la ha detenido, sino que ha crecido en su primer año más que en los periodos anteriores.

Sin duda esta nueva forma de gobernar ha causado muchas polémicas entre los ciudadanos; por ejemplo, no se entiende que el Presidente vuele en aviones comerciales y que su seguridad personal sea muy pequeña a comparación de sus antecesores, quienes traían a cientos de personas del desaparecido Estado Mayor Presidencial.

Su forma de comunicar es sin duda muy singular, ya que en lugar de pagar millones de pesos a medios de comunicación o “chayote” a algunos periodistas líderes de opinión, él mismo se pone a informar, a marcar la agenda, antes que cualquier otro gobernante y ante cualquier acontecimiento político, todos los días en sus ruedas de prensa desde Palacio Nacional, las famosas “mañaneras”.

Hoy en día el Ejecutivo no necesita un vocero, como algún antecesor, pues él mismo acapara la información, pero también invita en las mismas ruedas de prensa a algunos secretarios e inclusive han estado en sus “mañaneras” empresarios y gente de la sociedad civil, sin olvidar que también invita a los mismos reporteros que cubren la fuente a que le aconsejen para “tomar decisiones” sobre temas nacionales.

El Presidente ha sabido sortear temas muy polémicos, como la cancelación de la construcción del nuevo aeropuerto del CDMX, el problema de la inseguridad que se acrecentó en los últimos meses con el “Culiacanazo” o la matanza de algunos miembros de la familia de los LeBarón.

Ha impulsado cambios importantes a la Constitución como la creación de la “Guardia Nacional”, ha retado a los organismos de Estado autónomos a ajustar sus percepciones económicas y a que adopten igual que su gobierno una austeridad republicana, para que la mayor parte de los impuestos llegue a sus programas sociales y no a la alta burocracia.

A un año de ejercer el poder sin duda el balance es positivo, pero aún queda a deber en dos temas centrales, la inseguridad y la capacidad para hacer crecer al país en cuestión económica; además debe bajarle a la gran división que se acrecentó entre Chairos y Fifís… al final, todos somos mexicanos.

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